Los demonios
Entonces recuperé el sueño.
Cuando conocí a Samara inmediatamente me sentí atraído por ella. Desde mi ángulo observé en cámara lenta cómo la curvatura de sus labios se entreabría para pronunciar mi nombre de la misma forma en que días más tarde se abrirían sus piernas para llevarme a un mundo de placer agotador.
Fue en un bar de Sevilla donde la vi bailar por primera vez; sus manos blancas se entrelazaban como dos vertientes de agua que se convierten en una, mientras su cadera se contoneaba al ritmo en que sus pies hacían cimbrar el suelo. Podría morir en el placer de tocar su cabello negro, al toparme con las dagas de sus ojos azabache. Al terminar su número, se acercó a mi mesa.
Me encontraba recién llegado a España. Después de varios intentos por fin había conseguido vacaciones. 10 horas de vuelo, un poco más en tren, y me encontraba ahí, solo, bebiendo cerveza frente a esa gitana que me hipnotizó con su baile y que se acercaba a mí. Ahí estaba al frente, parada junto a la silla preguntándome:
- ¿Cómo te llamas?
Su voz era sutilmente áspera, como las manos en el invierno. Su dentadura perfecta me dejó en un espasmo hasta que repitió:
-¿Cómo te llamas?
- Javier
-¿Javier, eh? Ja vi er
- Tienes un común nombre español, pero no eres de aquí; ¿me invitas a sentarme?
Y fue ese el instante todo se detuvo, cuando dijo mi nombre. Se sentó y comenzamos a platicar, me preguntó qué hacía ahí, de dónde era, por qué estaba en Sevilla, si recorrería toda la zona Andaluz, si me había gustado su baile, si viajaba solo … y se ofreció a ser mi guía para los días posteriores.
Continué bebiendo y ella bailó para mí; sin pedírselo me acompañó hasta mi hotel…
Me aventó en la cama, al tiempo que comenzó a bailar de nuevo, desprendiéndose poco a poco de la ropa; sólo podía contemplar atónito el movimiento de sus pechos, y sus manos deslizándose entre sus piernas; escuchar ese jadeo entrecortado que salía de su boca, me hacía sentir que una eyaculación era inminente; en una fracción de segundo se abalanzó sobre mí y en dos movimientos sentí como mi glande hacia fricción con su paladar… cinco succiones y yo había acabado. Samara continuaba besándome, frotándose en mi pene, hasta que mi erección creció lo suficiente para entrar en ella; al primer contacto sentí la suavidad de sus entrañas y un calor ardiente que consumía la mías, tanto como me consumían sus ojos al mirarme.
jueves, septiembre 02, 2010
Ausente
Me sentaba en el sillón hasta sentirme hundida en un hueco. Tomé el control de la televisión y comencé a cambiar de canales hasta parar en lo que parecía una película mexicana. Una mujer de cabello corto, con una mechón largo color rosa; desmaquillada, pulseras en mano izquierda, overol y camiseta verde; rayaba un pared de cristal. Médium shot era el encuadre.
Dibujó un corazón atravesado por una flecha, mientras mantenía una conversación con un hombre.
-Me hizo bien estar en la clínica; pero ya no tomo fotos así.
- Es tu trabajo y está para cuando desees volver.
- Sólo quiero volver contigo, por eso regresé; necesito una segunda oportunidad.
- No puedo, estoy casado.
La última frase telenovelera de la conversación, me hizo sonreír en un destello, y supe una vez más, que todos somos la misma historia. Por supuesto que no pude evitar preguntarme si terminaría como esa mujer. Loca en recuperación.
Las horas continuaron pasando y yo no hacía nada, sólo pensaba sin poder actuar. Sabía que debía de rascar en lo más profundo de mi cerebro, para poder encontrar esa “chispa” que tanto me hacia falta. Estaba plenamente consciente de cómo me ahogaba en el torrente de ideas que emanaban de mi cabeza; tenía que agitar brazos y piernas, pero no encontraba la fuerza.
Me fui a la cama bajo la promesa del día anterior, y del anterior al anterior… al despertar me obligaría a realizar el listado de tareas pendientes.
Por inercia más que por convicción me levanté, bañé, arreglé y perfumé; subí a mi automóvil y comencé a conducir, aún disfrutaba el placer que me producía el estar tras un volante; me sentí feliz.
Me detuve ante un semáforo en rojo y antes de que pudiera reaccionar, la imagen de un chico de trece años, me jaló de nuevo al agua, sucia y resbalosa, como el agua de jabón que él ocupaba para rociar el parabrisas. Alrededor de su boca, en el contorno de sus fosas nasales distinguí lo que parecía resistol. En un segundo nuestras miradas, la mía y lo poco que parecía quedar de la suya se cruzaron. Quizá el llegó al fondo y está ahí, sentado, acostado, parado, pero en el fondo. Quizá eso sea más cómodo que la sensación de caer poco a poco. Antes de que me atreva a preguntar algo, el sonido de un claxon y la luz verde al frente, me obligan a avanzar. Extiendo mi mano con cinco pesos, contribuyo a pagar la cuota de permanecía… en el fondo.
Dibujó un corazón atravesado por una flecha, mientras mantenía una conversación con un hombre.
-Me hizo bien estar en la clínica; pero ya no tomo fotos así.
- Es tu trabajo y está para cuando desees volver.
- Sólo quiero volver contigo, por eso regresé; necesito una segunda oportunidad.
- No puedo, estoy casado.
La última frase telenovelera de la conversación, me hizo sonreír en un destello, y supe una vez más, que todos somos la misma historia. Por supuesto que no pude evitar preguntarme si terminaría como esa mujer. Loca en recuperación.
Las horas continuaron pasando y yo no hacía nada, sólo pensaba sin poder actuar. Sabía que debía de rascar en lo más profundo de mi cerebro, para poder encontrar esa “chispa” que tanto me hacia falta. Estaba plenamente consciente de cómo me ahogaba en el torrente de ideas que emanaban de mi cabeza; tenía que agitar brazos y piernas, pero no encontraba la fuerza.
Me fui a la cama bajo la promesa del día anterior, y del anterior al anterior… al despertar me obligaría a realizar el listado de tareas pendientes.
Por inercia más que por convicción me levanté, bañé, arreglé y perfumé; subí a mi automóvil y comencé a conducir, aún disfrutaba el placer que me producía el estar tras un volante; me sentí feliz.
Me detuve ante un semáforo en rojo y antes de que pudiera reaccionar, la imagen de un chico de trece años, me jaló de nuevo al agua, sucia y resbalosa, como el agua de jabón que él ocupaba para rociar el parabrisas. Alrededor de su boca, en el contorno de sus fosas nasales distinguí lo que parecía resistol. En un segundo nuestras miradas, la mía y lo poco que parecía quedar de la suya se cruzaron. Quizá el llegó al fondo y está ahí, sentado, acostado, parado, pero en el fondo. Quizá eso sea más cómodo que la sensación de caer poco a poco. Antes de que me atreva a preguntar algo, el sonido de un claxon y la luz verde al frente, me obligan a avanzar. Extiendo mi mano con cinco pesos, contribuyo a pagar la cuota de permanecía… en el fondo.
Ausente
Me sentaba en el sillón hasta sentirme hundida en un hueco. Tomé el control de la televisión y comencé a cambiar de canales hasta parar en lo que parecía una película mexicana. Una mujer de cabello corto, con una mechón largo color rosa; desmaquillada, pulseras en mano izquierda, overol y camiseta verde; rayaba un pared de cristal. Médium shot era el encuadre.
Dibujó un corazón atravesado por una flecha, mientras mantenía una conversación con un hombre.
-Me hizo bien estar en la clínica; pero ya no tomo fotos así.
- Es tu trabajo y está para cuando desees volver.
- Sólo quiero volver contigo, por eso regresé; necesito una segunda oportunidad.
- No puedo, estoy casado.
La última frase telenovelera de la conversación, me hizo sonreír en un destello, y supe una vez más, que todos somos la misma historia. Por supuesto que no pude evitar preguntarme si terminaría como esa mujer. Loca en recuperación.
Las horas continuaron pasando y yo no hacía nada, sólo pensaba sin poder actuar. Sabía que debía de rascar en lo más profundo de mi cerebro, para poder encontrar esa “chispa” que tanto me hacia falta. Estaba plenamente consciente de cómo me ahogaba en el torrente de ideas que emanaban de mi cabeza; tenía que agitar brazos y piernas, pero no encontraba la fuerza.
Me fui a la cama bajo la promesa del día anterior, y del anterior al anterior… al despertar me obligaría a realizar el listado de tareas pendientes.
Por inercia más que por convicción me levanté, bañé, arreglé y perfumé; subí a mi automóvil y comencé a conducir, aún disfrutaba el placer que me producía el estar tras un volante; me sentí feliz.
Me detuve ante un semáforo en rojo y antes de que pudiera reaccionar, la imagen de un chico de trece años, me jaló de nuevo al agua, sucia y resbalosa, como el agua de jabón que él ocupaba para rociar el parabrisas. Alrededor de su boca, en el contorno de sus fosas nasales distinguí lo que parecía resistol. En un segundo nuestras miradas, la mía y lo poco que parecía quedar de la suya se cruzaron. Quizá el llegó al fondo y está ahí, sentado, acostado, parado, pero en el fondo. Quizá eso sea más cómodo que la sensación de caer poco a poco. Antes de que me atreva a preguntar algo, el sonido de un claxon y la luz verde al frente, me obligan a avanzar. Extiendo mi mano con cinco pesos, contribuyo a pagar la cuota de permanecía… en el fondo.
Dibujó un corazón atravesado por una flecha, mientras mantenía una conversación con un hombre.
-Me hizo bien estar en la clínica; pero ya no tomo fotos así.
- Es tu trabajo y está para cuando desees volver.
- Sólo quiero volver contigo, por eso regresé; necesito una segunda oportunidad.
- No puedo, estoy casado.
La última frase telenovelera de la conversación, me hizo sonreír en un destello, y supe una vez más, que todos somos la misma historia. Por supuesto que no pude evitar preguntarme si terminaría como esa mujer. Loca en recuperación.
Las horas continuaron pasando y yo no hacía nada, sólo pensaba sin poder actuar. Sabía que debía de rascar en lo más profundo de mi cerebro, para poder encontrar esa “chispa” que tanto me hacia falta. Estaba plenamente consciente de cómo me ahogaba en el torrente de ideas que emanaban de mi cabeza; tenía que agitar brazos y piernas, pero no encontraba la fuerza.
Me fui a la cama bajo la promesa del día anterior, y del anterior al anterior… al despertar me obligaría a realizar el listado de tareas pendientes.
Por inercia más que por convicción me levanté, bañé, arreglé y perfumé; subí a mi automóvil y comencé a conducir, aún disfrutaba el placer que me producía el estar tras un volante; me sentí feliz.
Me detuve ante un semáforo en rojo y antes de que pudiera reaccionar, la imagen de un chico de trece años, me jaló de nuevo al agua, sucia y resbalosa, como el agua de jabón que él ocupaba para rociar el parabrisas. Alrededor de su boca, en el contorno de sus fosas nasales distinguí lo que parecía resistol. En un segundo nuestras miradas, la mía y lo poco que parecía quedar de la suya se cruzaron. Quizá el llegó al fondo y está ahí, sentado, acostado, parado, pero en el fondo. Quizá eso sea más cómodo que la sensación de caer poco a poco. Antes de que me atreva a preguntar algo, el sonido de un claxon y la luz verde al frente, me obligan a avanzar. Extiendo mi mano con cinco pesos, contribuyo a pagar la cuota de permanecía… en el fondo.
Anécdotas de la otra cara
“Vi, a uno de los que viajaba conmigo, caer del tren y que le pasara encima, le rebanara las piernas, usted sabe, está cabrón …”.
Podría comenzar la historia de la misma forma en que la han contado una y mil veces. Acababa de salir de la universidad cuando me fui del país; desconocía de que medios me valdría, y lo único certero, que se repetía en mi mente, era la idea de dejar México; trabajar a costa de lo que fuese, en lo que se pudiera y juntar dinero.
Comencé a vivir una vida prestada.
Transitar por las calles de Houston, cuando la luz natural se comienza a extinguir, puede ser peligroso, mucho más si a esto se le suma el hecho de no hablar el idioma y ser ilegal. Esperaba el autobús; a mi lado un hombre moreno, camisa cuadros y pantalón de mezclilla, abrazaba una mochila: junto a él, un negro muy alto, flaco, trenzas pegadas al cráneo, ropa extremadamente holgada.
-¿Tiene mucho tiempo esperando el bus?
-Sí, señorita, ya se tardó en pasar
Esas fueron las primeras palabras que escuché de ese hombre, y minutos después conocí gran parte de su vida. Apenas dos semanas atrás había llegado de Honduras, su travesía, como la de muchos estaba plagada de penas y agonía; golpes, robo, mutilaciones, abusos de los coyotes, particularmente de los mexicanos. Fue en la frontera de México y Estados Unidos, donde uno de los coyotes le robó su mochila, donde guardaba dinero, identificación, teléfono y dirección de los primos que lo esperaban en la ciudad espacial. Por suerte él, se había topado con un salvadoreño que le ofreció techo, comida, compañerismo y fraternidad; una semana más comenzó a exigirle 100 dls a la semana para gastos de la casa.
-Aún no consigo trabajo, hoy fui a ver si me dan algo de dishwasher. Estoy más endeudado que cuando llegué, pero tengo fe en que las cosas se van a componer; por lo menos aquí hay trabajo, aquí si se puede uno ganar algo.
Podría comenzar la historia de la misma forma en que la han contado una y mil veces. Acababa de salir de la universidad cuando me fui del país; desconocía de que medios me valdría, y lo único certero, que se repetía en mi mente, era la idea de dejar México; trabajar a costa de lo que fuese, en lo que se pudiera y juntar dinero.
Comencé a vivir una vida prestada.
Transitar por las calles de Houston, cuando la luz natural se comienza a extinguir, puede ser peligroso, mucho más si a esto se le suma el hecho de no hablar el idioma y ser ilegal. Esperaba el autobús; a mi lado un hombre moreno, camisa cuadros y pantalón de mezclilla, abrazaba una mochila: junto a él, un negro muy alto, flaco, trenzas pegadas al cráneo, ropa extremadamente holgada.
-¿Tiene mucho tiempo esperando el bus?
-Sí, señorita, ya se tardó en pasar
Esas fueron las primeras palabras que escuché de ese hombre, y minutos después conocí gran parte de su vida. Apenas dos semanas atrás había llegado de Honduras, su travesía, como la de muchos estaba plagada de penas y agonía; golpes, robo, mutilaciones, abusos de los coyotes, particularmente de los mexicanos. Fue en la frontera de México y Estados Unidos, donde uno de los coyotes le robó su mochila, donde guardaba dinero, identificación, teléfono y dirección de los primos que lo esperaban en la ciudad espacial. Por suerte él, se había topado con un salvadoreño que le ofreció techo, comida, compañerismo y fraternidad; una semana más comenzó a exigirle 100 dls a la semana para gastos de la casa.
-Aún no consigo trabajo, hoy fui a ver si me dan algo de dishwasher. Estoy más endeudado que cuando llegué, pero tengo fe en que las cosas se van a componer; por lo menos aquí hay trabajo, aquí si se puede uno ganar algo.
miércoles, septiembre 01, 2010
Si usted no sabe, menos yo.
Luchaba día a día con mi pereza día a día. Seré yuppie en potencia, me habré convertido en parte de la manada. Un día me levantaba con la firme convicción de que estaba haciendo lo correcto y al día siguiente me volvía a levantar con la firme convicción de que estaba haciendo lo correcto, pero añoraba mi perforación en el labio, mi cabello enmarañado y ms ojos tristes.
Lo único de lo cual estaba totalmente convencida era de la importancia de desarrollar una estrategia. Había pasado los últimos meses de mi vida desarrollando estrategías de comunicación, y ahora me daba cuenta de que era necesario desarrollar una estrategia para alcanzar mi meta.
La solución era invariable, siempre había que trabajar, por dinero, por mi, sin dinero, por mi, con reconocimiento, por mi. Sólo tenía que hacerlo.
Lo único de lo cual estaba totalmente convencida era de la importancia de desarrollar una estrategia. Había pasado los últimos meses de mi vida desarrollando estrategías de comunicación, y ahora me daba cuenta de que era necesario desarrollar una estrategia para alcanzar mi meta.
La solución era invariable, siempre había que trabajar, por dinero, por mi, sin dinero, por mi, con reconocimiento, por mi. Sólo tenía que hacerlo.
martes, junio 08, 2010
¿karma?
Después de un día llenó de reproches, azotones contra el piso, golpes de puños en la pared e incontables ¿por qué? la palabra karma se suspendió en el aire.
Qué chingados tenía que ver el karma con todo lo que pasaba. Debíamos de ir por la vida tratando bien y dándole las nalgas a quien nos las pidiera sólo por evitar el peso del karma, el golpe del karma. Cada que ese impulso incontenible de gritar, golpear, morder y matar acechara sólo debía de decir: ¿om, dalai?; ¿se supone que eso garantizaría una mejor vida en otra vida?, ¿se supone que eso haría menos molesto el dolor?
¿Dónde carajos quedaba el hedonismo estricto, el de los cineraicos?; placer por placer, sin importar lo demás... Entonces traigo a mi mente una escena de "La mala educación", un niño masturba a otro, mientras le dice: es que yo soy edonista, a mi me gusta el placer.
Ahora más que nunca entendía menos de la vida, y me repetía si esto que pasa es por haber sido un pedazo de mierda con alguien en otra vida, y si ahora mismo soy un pedazo de mierda, seguramente que fui un verdadero pedazo de mierda. Vaya que filosofía.
También recordé algo que mi abuela dijo hace poco: A veces la gente nace con una cruz hija, y están destinados a jamás ser felices.
Dónde se desdibuja la línea que separa el esfuerzo del concepto destino. He visto gente trabajar toda su vida por algo y morir sin obtenerlo, dónde está la falla; ¿hay fallas?,¿era su cruz, su karma?
quién o cómo se garantizaba que el esfuerzo tendría como resultado éxito o satisfacción, ¿quién había hecho esa fórmula?
¿En dónde estaba la clave?,¿cómo podría encontrar el camino?
Qué chingados tenía que ver el karma con todo lo que pasaba. Debíamos de ir por la vida tratando bien y dándole las nalgas a quien nos las pidiera sólo por evitar el peso del karma, el golpe del karma. Cada que ese impulso incontenible de gritar, golpear, morder y matar acechara sólo debía de decir: ¿om, dalai?; ¿se supone que eso garantizaría una mejor vida en otra vida?, ¿se supone que eso haría menos molesto el dolor?
¿Dónde carajos quedaba el hedonismo estricto, el de los cineraicos?; placer por placer, sin importar lo demás... Entonces traigo a mi mente una escena de "La mala educación", un niño masturba a otro, mientras le dice: es que yo soy edonista, a mi me gusta el placer.
Ahora más que nunca entendía menos de la vida, y me repetía si esto que pasa es por haber sido un pedazo de mierda con alguien en otra vida, y si ahora mismo soy un pedazo de mierda, seguramente que fui un verdadero pedazo de mierda. Vaya que filosofía.
También recordé algo que mi abuela dijo hace poco: A veces la gente nace con una cruz hija, y están destinados a jamás ser felices.
Dónde se desdibuja la línea que separa el esfuerzo del concepto destino. He visto gente trabajar toda su vida por algo y morir sin obtenerlo, dónde está la falla; ¿hay fallas?,¿era su cruz, su karma?
quién o cómo se garantizaba que el esfuerzo tendría como resultado éxito o satisfacción, ¿quién había hecho esa fórmula?
¿En dónde estaba la clave?,¿cómo podría encontrar el camino?
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domingo, junio 06, 2010
No me preguntes más
No podría decir cómo terminé en ese lugar, sólo podía afirmar que conforme pasaba el tiempo la palabra "cazador" se repetía con mayor frecuencia en mi mente.
Estaba ahí entre el sudor de la noche, la penumbra de la obscuridad, la bendición del anonimato y hambre de carne nueva.
Un tipo se contoneaba en un balcón al ritmo de la música, otro hombre se quitaba la ropa hasta quedar desnudo, su pene quedó al descubierto... podría jurar que eyacularía en cualquier momento; de súbito terminó la música, levantó su ropa y desapareció. Tiempo más tarde lo vi salir, vestido con ropa "normal", arrastraba una maleta, alguien dijo: ya después de todo lo que enseñó sale vestido, justo ahí entendí cómo funcionan esas cosas, cómo es tener un persoaje, y creer ese papel y dejar ese papel con las ropas que lo visten. Una máscara más.
Comencé a buscarte. Entre caras desconocidas, en los lugares impensables, en un rostro idealizado, en una sonrisa perdida, te estoy buscando y no logro encontrarte. Haces falta aquí, y todavía no sé cómo eres.
Estaba ahí entre el sudor de la noche, la penumbra de la obscuridad, la bendición del anonimato y hambre de carne nueva.
Un tipo se contoneaba en un balcón al ritmo de la música, otro hombre se quitaba la ropa hasta quedar desnudo, su pene quedó al descubierto... podría jurar que eyacularía en cualquier momento; de súbito terminó la música, levantó su ropa y desapareció. Tiempo más tarde lo vi salir, vestido con ropa "normal", arrastraba una maleta, alguien dijo: ya después de todo lo que enseñó sale vestido, justo ahí entendí cómo funcionan esas cosas, cómo es tener un persoaje, y creer ese papel y dejar ese papel con las ropas que lo visten. Una máscara más.
Comencé a buscarte. Entre caras desconocidas, en los lugares impensables, en un rostro idealizado, en una sonrisa perdida, te estoy buscando y no logro encontrarte. Haces falta aquí, y todavía no sé cómo eres.
jueves, diciembre 31, 2009
chiquis murió y yo no logro entenderlo.
evidentemente, yo no conocía el dolor.
evidentemente confundimos el orgullo lastimado con dolor.
estamos muy lejos de entender el verdadero sentido de pérdida.
quiero llegar a la casa y escarbar con mis dedos la tierra, hasta encontrar su cuerpo y abrazarlo.
quiero poder llorar
evidentemente, yo no conocía el dolor.
evidentemente confundimos el orgullo lastimado con dolor.
estamos muy lejos de entender el verdadero sentido de pérdida.
quiero llegar a la casa y escarbar con mis dedos la tierra, hasta encontrar su cuerpo y abrazarlo.
quiero poder llorar
miércoles, diciembre 23, 2009
navidad 2009, 25 años
Después de que sus ojos azules me fulminaran en un instante, justo cuando se me nublaba la vista, sentí el mismo golpe
... Supongo que estás de vacaciones. Disfruta estos días. Cuídate mucho, feliz navidad, un abrazo. No contestes nada, ya ves que eso de las medias tintas no se nos da.
... Supongo que estás de vacaciones. Disfruta estos días. Cuídate mucho, feliz navidad, un abrazo. No contestes nada, ya ves que eso de las medias tintas no se nos da.
lunes, noviembre 02, 2009
Un poco más allá
Jamás podría explicar cuán placentero era poder escuchar las trompetas.
Encontraba la imagen que había imaginado; la imagen misma del cigarro a su lado, la computadora al frente y el marco de la ventana rodeando su figura. Era el tiempo de escribir, era el tiempo de las lluvias. Y era hermoso observar el movimiento de las nubes.
Entonces me di cuenta, de que era una especie de vampiro; me alimentaba de las personas que estaban a mi alrededor, si eran jóvenes, me sentía joven, de nuevo me sentía como de 17 años; si eran adultos, envejecía sin razón aparente.
Encontraba la imagen que había imaginado; la imagen misma del cigarro a su lado, la computadora al frente y el marco de la ventana rodeando su figura. Era el tiempo de escribir, era el tiempo de las lluvias. Y era hermoso observar el movimiento de las nubes.
Entonces me di cuenta, de que era una especie de vampiro; me alimentaba de las personas que estaban a mi alrededor, si eran jóvenes, me sentía joven, de nuevo me sentía como de 17 años; si eran adultos, envejecía sin razón aparente.
domingo, septiembre 20, 2009
Sueño 3.1416
De nuevo me atacan los sueños..
En la sala de espera, un doctor dijo que estaba muy mal. Había sido terrible, la camioneta quedó desecha. Estaba muy mal, en terapia intensiva. Dijeron que estaba embarazada.
No podía discernir entre las cosas que escuchaba, se mezclaban con el eco de la sala, el frío y el bloqueo de mi cerebro.
No podía discernir entre la traición, desesperación y la impotencia.
En la sala de espera, un doctor dijo que estaba muy mal. Había sido terrible, la camioneta quedó desecha. Estaba muy mal, en terapia intensiva. Dijeron que estaba embarazada.
No podía discernir entre las cosas que escuchaba, se mezclaban con el eco de la sala, el frío y el bloqueo de mi cerebro.
No podía discernir entre la traición, desesperación y la impotencia.
martes, agosto 04, 2009
En alguna película escuché que cuando tienes 25 años crees que lo sabes todo, llegan los 30 y te das cuenta de que no sabías nada.
Creo que los 25 son más confusos que los alocados 17. Ir de un lado a otro o estar, qué era eso...
Cada vez parecía que se alejaba más y más del objetivo, pero cómo saber en verdad si se consolaba en quimeras, o si tenía la certeza de poder llegar...
Creo que los 25 son más confusos que los alocados 17. Ir de un lado a otro o estar, qué era eso...
Cada vez parecía que se alejaba más y más del objetivo, pero cómo saber en verdad si se consolaba en quimeras, o si tenía la certeza de poder llegar...
viernes, julio 31, 2009
Fotos de memorias
1.La vista desde el departamento en la ciudad magnolia.. magnoliafive
2.Un tradicional 12 de diciembre en casa de los Ramírez
3.Altar perdido en San Cristóbal de las Casas
4.La Luz que cubrió al malabarista
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Fotos que tomé por aquí y por allá
domingo, julio 05, 2009
Por qué antes era más sencillo hacerlo
Reviso uno de mis cuadernos de la universidad; no sé en qué momento me dejaron de gustar las libretas de espiral, de tal forma que me hice fan de esos cuadernos cosidos, tipo francés. De repente tenía la manía de comenzar a escribir de la última página. Entre las líneas de los apuntes solía escribir, parecía que era sencillo, entre las líneas de ética especializadas en sedimentación y tradición, hay otras líneas azules...
Diatesis mórbida de mis extremidades entumidas. Quisiera permanecer en la esfera. Ayer fui al centro, la idea era ir al cine, pasé por Juan al ayuntamiento, pero no lo dejaban salir; su jefa, mujer obesa, quizá mal cogida, gritaba, no paraba de gritar, en tanto que yo, del lado de la recepción pensaba en lo que no quiero hacer de mi vida y lo difícil que sería hacer lo que quiero, justamente, evitar caer en esa rutina.
Minutos después, cuando uno de los empleados cerró la oficina, terminé por desesperarme. Intenté dormir un poco, era agradable el frío del aire acondicionado. Otra mujer que había estado escribiendo sin parar, desde que llegué, se acercó a la puerta para salir a tomar aire, yo aproveché para irme. Sólo le envié un mensaje a Juan para decirle que estaría en samborn´s ojeando revistas.
El contacto con el aire caliente, del exterior
Diatesis mórbida de mis extremidades entumidas. Quisiera permanecer en la esfera. Ayer fui al centro, la idea era ir al cine, pasé por Juan al ayuntamiento, pero no lo dejaban salir; su jefa, mujer obesa, quizá mal cogida, gritaba, no paraba de gritar, en tanto que yo, del lado de la recepción pensaba en lo que no quiero hacer de mi vida y lo difícil que sería hacer lo que quiero, justamente, evitar caer en esa rutina.
Minutos después, cuando uno de los empleados cerró la oficina, terminé por desesperarme. Intenté dormir un poco, era agradable el frío del aire acondicionado. Otra mujer que había estado escribiendo sin parar, desde que llegué, se acercó a la puerta para salir a tomar aire, yo aproveché para irme. Sólo le envié un mensaje a Juan para decirle que estaría en samborn´s ojeando revistas.
El contacto con el aire caliente, del exterior
sábado, julio 04, 2009
Justo en ese momento pude entender cual era la clave. El sexo como la mayoría de la cosas de dos, es una lucha de poder. Sino entiendes, sino conoces las debilidades de tu enemigo, es sumamente complejo que puedas con él, eso es totalmente lógico.
Como en las tácticas de guerra, ahora entendía que no conocía sus debilidades, que por eso había huido, qué más podría hacer. Incierto. Desconcertante. Se retiró sin saber nada de él.
Un simple beso en el cuello habría bastando.
Ahora entendía que, en todas esas horas, no lograba alinear sus defensas. Había acabado por completo con su ataque, probable que esperara la revancha.
No supo como devolver ese placer, no pudo mover una pieza.
Había perdido.
Como en las tácticas de guerra, ahora entendía que no conocía sus debilidades, que por eso había huido, qué más podría hacer. Incierto. Desconcertante. Se retiró sin saber nada de él.
Un simple beso en el cuello habría bastando.
Ahora entendía que, en todas esas horas, no lograba alinear sus defensas. Había acabado por completo con su ataque, probable que esperara la revancha.
No supo como devolver ese placer, no pudo mover una pieza.
Había perdido.
jueves, julio 02, 2009
Sol, cerros y zarzamoras
El día comienza con el resplandor del amanecer; la luz de los rayos del sol se cuelan entre los nubarrones que lo cubren. Todo el campo, aún, está lleno de rocío.
Los trabajadores empiezan a llegar a las seis y media de la mañana. Los primeros en iniciar el trabajo son los cajeros, encargados de cubrir las mesas de la galera con cajas de cartón especiales para empacar la fruta; cada caja contiene otras de plástico, más pequeñas. Los cortadores se preparan, buscan sus cubetas y cubren sus manos con guantes, para evitar lastimarse con las espinas de la planta. Cada uno toma una caja y amarra una pequeña cubeta a su cintura, caminan rumbo a los surcos y así inicia el día de corte en las huertas de zarzamora.
Con botas de hule, sudaderas, gorras, guantes, caja y cubeta, comienza el recorrido entre los surcos de 50 metros. El trabajo consiste en pizcar la fruta, sólo las negras y consistentes van al empaque, aquellas que exceden el punto de maduración o que han sido golpeadas por el viento y debido esto se han reventado, es decir, las que no cumplen con los requerimientos de empaque, van a la cubeta de proceso
A lo lejos, se logra escuchar el eco de las voces que gritan: ¡caja, caja, caja, cajero!, para anunciar que se ha llenado la caja que los cortadores llevan consigo, en espera de que el cajero les lleve una nueva para ser llenada. Las voces reverberan, lo mismo que la música que escapa de los altavoces de los celulares y las pláticas de los cortadores. Aquí no hay extraños, todos se conocen, todos saben sus historias, todos son el mismo pueblo.
Dos horas y media después de haber iniciado la pizca, el mayordomo de la huerta llama a la gente, es la hora del almuerzo. El olor a tortillas, frijoles, carne, papas con chorizo, rajas y huevo se respira; dieciocho personas están sentadas y cinco calientan la comida. Son cuarenta los minutos de plática, risas y comida; éste es un mundo paralelo al de los edificios, el humo de los coches y los ruidos de la calle.
Las siguientes siete horas transcurrirán con la vista fija entre el verdor de la planta y las gotas negras, marrones y rojas de la fruta que en ella crece. Cubriéndose del sol y tratando de cuidar que las espinas no se entierren en los dedos, hombres, mujeres y niños encuentran una fuente de ingresos.
Con la llegada de los chilenos a la región se dio el boom del cultivo de zarzamoras, años más tarde se establecieron empresas norteamericanas, a la vez que los agricultores de la región se aventuraron en el cultivo de este fruto.
En sus inicios, el cultivo de zarzamoras significó el auge económico para los primeros productores locales que se involucraron con la siembra de dicho cultivo. Hoy, una década después las zarzamoras siguen siendo un factor determinante en los ingresos económicos de muchas familias.
Mujeres y niños, encontraron una actividad para hacerse de unos pesos; después de siete horas de sol, ganan $140.00; si se está en temporada de producción, $25.00 más compensan las horas extras, mientras que los días “buenos” dejan hasta $240. 00 pesos.
Son las dos de la tarde y huele al humo que se escapa de los incendios en el cerro; esta es la hora en que termina un día habitual de pizca. La gente comienza a llegar a la galera, toman agua, la música de los celulares se mezcla con las voces. Comienzan a subir a las camionetas: dos o tres viajan en la cabina, los demás se amontonan en la batea. Inicia el viaje de regreso al pueblo, minutos más tarde todos serán dejados en la plaza. Algunos se irán a su casa presurosos, otros a casa de algún familiar para recoger a sus hijos, y unos más se quedarán en la tienda del centro tomando cerveza y jugando baraja. Mañana será igual que hoy, aquí, en el lugar donde no transcurre el tiempo.
miércoles, julio 01, 2009
Entre dimes y tafiles

Escribí, compuse unas fotos. Saqué mis colores, regalo de mi mamá por exigencia mía, tomé un tafil, comencé a pintar, y en consecuencia me siento muy bien.
Ayer me regañaron, que por qué pregunto tanto, que caigo en necedades, que hay cosas que solo suceden y ya ¿por qué es tan malo querer entenderlo todo?
martes, junio 30, 2009
El llano en llamas, fragmento
Él no quiere creerlo, pero, ¿verdad que estoy para dar miedo?- y se acercó a donde le daba el sol...
! Míreme la cara ¡
Era una cara común y corriente.
-¿Qué es lo que quiere que le mire?
-¿No me ve el pecado? ¿No ve esas manchas moradas como de jiote que me llenan de arriba abajo? y eso es sólo por fuera; por dentro estoy hecha un mar de lodo
! Míreme la cara ¡
Era una cara común y corriente.
-¿Qué es lo que quiere que le mire?
-¿No me ve el pecado? ¿No ve esas manchas moradas como de jiote que me llenan de arriba abajo? y eso es sólo por fuera; por dentro estoy hecha un mar de lodo
sábado, junio 27, 2009
Cama 162
Es una pequeña habitación, 3 camas separadas por un buró de metal entre una y otra.
En los últimos años escuché hablar de nebulizaciones, apenas vi como se hace una.
Huele a enfermedad, huele a medicina, a orines, sangre seca y aliento podrido.
Recorro un pasillo que alberga más de 17 habitaciones, escucho llanto, el llanto de un bebé recién nacido; creo que es justo frente a esa habitación donde vi a un anciano, su cuerpo se pierde entre las sábanas, es muy pequeño, sumante delgado... me parece que pronto morirá.
no veo vida
Cuántas personas han muerto en estas camas, cuanta incertidumbre se respira en el ambiente.
En los últimos años escuché hablar de nebulizaciones, apenas vi como se hace una.
Huele a enfermedad, huele a medicina, a orines, sangre seca y aliento podrido.
Recorro un pasillo que alberga más de 17 habitaciones, escucho llanto, el llanto de un bebé recién nacido; creo que es justo frente a esa habitación donde vi a un anciano, su cuerpo se pierde entre las sábanas, es muy pequeño, sumante delgado... me parece que pronto morirá.
no veo vida
Cuántas personas han muerto en estas camas, cuanta incertidumbre se respira en el ambiente.
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